Un reciente artículo publicado en Nature pone en evidencia un cambio global en la investigación y evaluación de seguridad: el uso de animales comienza a dejar de ser la norma. Impulsado por avances en modelos humanos y computacionales, el nuevo paradigma promete mayor relevancia biológica y eficiencia. Pero también plantea interrogantes clave sobre validación, implementación y capacidades locales.
En febrero de 2026, la revista Nature publicó una nota que resume una de las transformaciones más profundas en la ciencia biomédica y regulatoria de las últimas décadas: el progresivo desplazamiento de los ensayos con animales como herramienta central para la evaluación de seguridad (https://www.nature.com/articles/d41586-026-00563-3)
El artículo destaca que agencias regulatorias y gobiernos de referencia internacional están impulsando activamente este cambio. Iniciativas recientes en Estados Unidos, Europa y Reino Unido apuntan a que los estudios en animales pasen a ser la excepción y no la regla, especialmente en áreas como toxicología y desarrollo de fármacos.
Este giro se apoya en avances sostenidos en NAMs (New Approach Methodologies), incluyendo modelos basados en células humanas, sistemas de órganos en chip y herramientas computacionales capaces de predecir efectos biológicos con creciente precisión. Estas tecnologías no solo prometen reducir el uso de animales, sino también mejorar la relevancia de los datos para humanos.
Sin embargo, lejos de presentar una transición lineal, la nota subraya la complejidad del proceso.
No todos los endpoints toxicológicos cuentan hoy con alternativas validadas. La integración de datos provenientes de múltiples plataformas sigue siendo un desafío. Y, fundamentalmente, la aceptación regulatoria de estas metodologías requiere evidencia robusta, estandarización y confianza institucional.
En este contexto, el debate ya no es si el uso de animales disminuirá, sino cómo se construirá el sistema que lo reemplace.
Históricamente, los modelos animales han sido una herramienta clave en la evaluación toxicológica, especialmente en contextos donde no existían alternativas. Durante décadas permitieron generar información valiosa y sentar las bases del conocimiento actual. Sin embargo, con el tiempo también se evidenciaron sus limitaciones, particularmente en relación con su capacidad de predecir respuestas humanas. La falta de correlación en ciertos endpoints fue uno de los motores que impulsó la búsqueda de modelos más relevantes desde el punto de vista humano, junto con consideraciones éticas cada vez más presentes.
Hoy, el desarrollo de modelos human-relevant abre una nueva etapa. Pero su implementación no está exenta de desafíos. Para que estos sistemas funcionen adecuadamente, es fundamental formular las preguntas correctas, seleccionar los endpoints adecuados y comprender en profundidad los alcances y limitaciones de cada metodología. De lo contrario, existe el riesgo de reproducir, en un nuevo contexto tecnológico, problemas similares a los que se buscaban superar.
Además, es probable que la transición no sea inmediata ni absoluta. Durante un período, que ya estamos atravesando, es esperable que convivan enfoques tradicionales y nuevas metodologías, en estrategias combinadas que permitan construir evidencia de manera más robusta y confiable.
Para países como Argentina, este escenario abre oportunidades, pero también interrogantes estratégicos. La adopción de NAMs y la alineación con tendencias regulatorias internacionales son pasos necesarios. Pero también lo es el desarrollo de capacidades locales que permitan implementar, validar y auditar estas metodologías en el propio contexto.
El riesgo no es solo quedar rezagados tecnológicamente, sino depender exclusivamente de datos generados en otros sistemas regulatorios, sin capacidad de evaluación crítica ni generación de evidencia propia.
La transición hacia modelos sin animales no es únicamente un cambio metodológico. Es una transformación del ecosistema científico y regulatorio, que redefine el rol de los laboratorios, las agencias y los sistemas de control.
En este nuevo escenario, la pregunta clave no es solo cuándo dejaremos de usar animales, sino quién generará, evaluará y validará la evidencia en su reemplazo.
Desde el LMA, entendemos que este proceso representa una oportunidad única: avanzar hacia una ciencia más humana, más predictiva y eficiente, sin perder de vista la necesidad de construir soberanía técnica y fortalecer las capacidades regionales en evaluación de seguridad.


