Un reciente artículo publicado en Nature puso en agenda un tema poco visibilizado: el impacto emocional que puede generar el trabajo con animales de experimentación. La nota, escrita por la periodista científica Christine Ro, reunió la opinión de especialistas de distintos países y abrió una conversación que continúa creciendo en la comunidad científica internacional.
Trabajar con animales de experimentación implica una gran responsabilidad científica y ética. Sin embargo, el impacto emocional que esta actividad puede generar en quienes la realizan, especialmente en estudiantes de doctorado e investigadores que comienzan su carrera, rara vez forma parte de las discusiones académicas.
Este tema fue recientemente abordado en un artículo publicado en Nature, en el que la periodista científica Christine Ro respondió la consulta de un estudiante de doctorado que relató la ansiedad, la pérdida de peso y el conflicto personal que le producía trabajar con modelos animales. A partir de esa inquietud, consultó a especialistas de distintos países para reflexionar sobre cómo acompañar a quienes atraviesan estas experiencias durante su formación científica.
La nota pone el foco en un fenómeno conocido como fatiga por compasión (compassion fatigue), un conjunto de manifestaciones físicas, psicológicas y conductuales asociadas al estrés que puede provocar la exposición repetida al sufrimiento animal. Si bien este fenómeno ha sido ampliamente estudiado en profesionales de la salud y la medicina veterinaria, en los últimos años también comenzó a recibir mayor atención dentro del ámbito de la investigación biomédica.
Entre las principales recomendaciones de los especialistas consultados se destacan la importancia de construir redes de apoyo entre colegas, promover el autocuidado y reconocer que experimentar emociones frente al trabajo con animales no constituye una señal de debilidad, sino una respuesta humana que debe ser acompañada adecuadamente. Desarrollar una cultura de investigación donde estas experiencias puedan compartirse abiertamente contribuye tanto al bienestar de las personas como a una práctica científica más responsable.
Entre los especialistas consultados se encontró la investigadora del CONICET y directora del Laboratorio de Métodos Alternativos (LMA), María Laura Gutiérrez, quien destacó el valor de la capacitación y del acompañamiento durante las primeras etapas de la carrera científica. Asimismo, señaló la importancia de generar entornos de trabajo donde expresar emociones frente al trabajo con animales no sea motivo de estigmatización, sino una oportunidad para fortalecer una cultura de investigación basada en el respeto y el apoyo mutuo. En la misma línea, Fernando González-Uarquin, investigador de la Universidad Médica de Mainz (Alemania), afirmó que cuando un estudiante es objeto de burlas por manifestar emociones relacionadas con el trabajo con animales, el problema no reside en la persona, sino en la cultura de investigación.
La repercusión del artículo trascendió su publicación original y fue difundida por organizaciones internacionales como la European Animal Research Association (EARA) y por investigadores de distintos países, reflejando el creciente interés de la comunidad científica por debatir este tema de manera abierta.
Hablar sobre la fatiga por compasión no implica cuestionar la investigación con animales cuando esta resulta necesaria y se realiza bajo los más altos estándares éticos y de bienestar. Por el contrario, supone reconocer que quienes llevan adelante este trabajo también necesitan formación, acompañamiento institucional y espacios donde estas experiencias puedan compartirse sin temor al juicio o la estigmatización. Cuidar a las personas que hacen ciencia también forma parte de construir una ciencia más responsable.
La nota: https://www.nature.com/articles/d41586-026-01128-0



